lunes, 4 de julio de 2011

Si me quedara vacía
sintiendo frío y desolación
el corazón helado
el alma escarcha de temblor
en las manos azules,
buscaría mi sol tibio
mi comida en el fuego
mi nido en el hogar
leño en mi lar
y afecto de los míos.
Me movería a mis matrices de aprendizaje
y en alguna de ellas estarías vos.
Estarían todas...
Guillermina

jueves, 5 de mayo de 2011

Elogio a Ernesto Sábato

Elogio a Ernesto Sábato

Ernesto, nos enseñaste a transitar la belleza, el misterio, y los ideales. Diste todo hasta quedarte con las manos vacías y el alma llena. Moriste dignamente en tu sosegada y sencilla casa de Santos Lugares. Y tal como lo pediste, fuiste velado en el club barrial donde tus hijos jugaron.

Mi querido Ernesto Sábato, nuestro querido Ernesto, conocí tu primera novela, “El Túnel”, cuando estaba en cuarto año de la Normal. La Profesora Isabel Centurión de Rosa tuvo la brillante idea de presentárnosla. (Y esto no fue una casualidad, de la misma manera leímos a Federico García Lorca, que recitábamos por gusto de memoria).

Recorrí, concretamente, el derrotero de Martín, ese personaje de “Sobre Héroes y Tumbas”, puro e idealista. Quise tener la belleza de la trágica Alejandra. Te sentí profundo cuando narrabas la crónica del General Juan Gal Lavalle, camino al Norte. Te absorbí, te quise y te quiero, te emulé, sin lograrlo.

Leí con las entrañas revueltas el “Nunca más”, que diste emocionado, después de haberte asomado al infierno, junto a Magdalena Ruiz Guiñazú, al Doctor Raúl Alfonsín.

En “Abbadon, el exterminador”, presentí el final de esta civilización en el delirio y las visiones de ese borracho que cruza esa demencial calle, pero sentí también la esperanza.

Recuerdo cuando viniste a Paraná en la década del 70, (en la época que éramos jóvenes y nos devorábamos el mundo) al Círculo Médico, atestado de personas que llenábamos las escaleras interiores y exteriores del salón.

Hombre inteligente, Doctor en Física, fuiste a estudiar a la Sorbona en París, y que allí te contactaste con pintores, con filósofos existencialistas). Sustantivamente escritor, te educaste en la Universidad de La Plata, (que creara el humanista Joaquín V. González), fuiste discípulo de Henríquez Ureña, naciste en la Provincia de Buenos Aires, partido de Rojas, después de diez hermanos. Y te fuiste ayer de este mundo.

Quienes abrevamos en tus letras impregnadas también de criollismo, quienes nos abstrajimos en tus ficciones o metáforas, quienes nos internamos en los vericuetos de Buenos Aires, y en los túneles del alma, quienes aprendimos por vos, que la esperanza es más fuerte que la desesperanza te damos el adiós profundamente emocionados, por que el pueblo te acompaña con absoluta sinceridad a tu morada final.

Gracias, Maestro, por todo.

Guillermina Brasseur, Paraná 1º de mayo de 2011

martes, 22 de marzo de 2011

Pearcings

Pearcings
-¡¡¡Vos me la robaste, fuiste vos!
-¡Callate, vení al baño, te voy a decir algo!
-¡¿Qué onda, loco?! ¡Basta! ¡No me peguen más!, dijo exhausto.
El entrevero fue sucediendo primero en el baño, donde a Quique lo azotaron, en la casa donde se festejaba el cumpleaños de quince de una vecina.
-Basta loco, los dueños de casa no quieren quilombo, vamos al campito, sino, ya saben, viene la cana…
Allí en el campito, bajo la luna lóbrega y empañada Quique sacó su sevillana, y cortajeó el abdomen del ladrón de su valijita de pearcings y tatuajes.
Se hizo un silencio denso y todo pareció haber terminado.
Masticando bronca rumbeó a la casa del montecito, donde sus tíos abuelos, que oficiaron de padres, dormían. Sacó la cuchilla del cajón del armario en la cocina, mientras transpiraba de rabia.
Ni por asomo pudo pensar en los únicos seres que lo habían querido, ni las cuchilladas fueron capaces de neutralizar sus fracasos escolares, su no-lugar que para él era la escuela, ni la resistencia miserable del fernet y la marihuana…Ni siquiera la sangre en la espalda del otro chico le hizo ver que su vida es una verdadera trampa a los dieciocho años…
Solo por fin, comprobó que con el porro y el alcohol se estaba ganando… ¿la muerte? Rozó con la mano su ceja derecha atravesada por un pearcing. Con lágrimas de rabia escuchó los silencios del olvido, de esta sociedad que últimamente pone huevos de serpientes en abundancia, y se tocó el brazo derecho con el índice izquierdo, bordeando la cobra tatuada, sentado en un banco de madera de la seccional de policía…

sábado, 5 de marzo de 2011

Microcuento

El nirvana en casa de mamá

Yo no sé si mi madre sufre senilidad verdadera, o está llegando a una enorme sabiduría.
Vive al lado, y esta mañana me dijo que había amanecido pensando que la casa en la que estaba no era suya, que ése no era su lugar. Así me dijo.
Entonces aprontó valijas y bolsitos para irse, como pude comprobar después.
Dijo que de pronto abrió la ventana, y que quedó absorta mirando el paisaje del pequeño jardín del frente, la vereda, la calle y el paredón del club.
Entonces fue cuando pensó, según me dijo, ¿será entonces mi casa?...al final mi casa es mi imaginación…
Me quedé mirándola, sin saber si me causaba pena su Alzheimer, o admiración por haber alcanzado la sabiduría.
Guillermina, 17 de diciembre de 2010

viernes, 25 de febrero de 2011

Escaleras

Las escaleras

¿Qué paso azul por escaleras vanas
dejando sombra de los pasos breves,
dos pétalos sedosos, la mañana,
suave tapiz van por silencio leve?

Solté en días inciertos y esfumados
las vanas letras y los pensamientos.
Vivo aleteo, colibrí irisado
desvaneció cuando sopló aquel viento.

A oros y cielo de un fino celaje,
vanamente subí en sutil encaje.
Luego llegué, llegué, en el ocaso.

Pero esa tarde diluyó los sueños.
Son nube y pétalos, tapiz y pasos
cristales rotos que no tienen dueño.


Junio de 2009

sábado, 8 de mayo de 2010

Prodigio del jazminero
A Tuta, amiga.

Es tanto… tanta la vida,
variado costado, tanto,
tanta vida en mi vida
momentos diversos, (¡cuántos!)

hay matices y colores
tanta tierra, cielo tanto,
tanto espacio, tanto tiempo,
las estrellas y mi canto…

que no puedo ser tan breve,
pues cuando se abran al fin,
aromas del jazminero,
¡olvidarán al jazmín!

Que no puedo ser tan breve
ni contar en un poema
la historia de mi vida
sin olvidar unas penas…

Pero ese camino enorme
resulta que es pequeño
es apenas un soplito
en el universo entero.

Por lo tanto bendiciones
y bonanzas, pues, entrego
además de los jazmines
prodigio del jazminero.

Trazaré las pinceladas
del camino que he andado,
beberé gotitas frescas
de lluvia, del zinc plateado.

No valdrá la pena entonces
pintar penas ni dolores
sino la gracia airosa
de la magia de las flores.

sábado, 20 de marzo de 2010

Felicidad extática

Felicidad extática

No fue fácil decir nunca,
ni fácil es decir: ¡ahora!
“ética es felicidad”,
dijo Baruch Spinoza.

Felicidad, quién supiera,
lo que en uno puede hacer,
la piel, el cuerpo del otro,
si es la fuente del saber…

A enero de 2007